martes, 2 de febrero de 2010

Brisa nocturna


[...] Subimos a la cubierta. Una suave brisa jugaba con nuestro cabello. Mientras tanto, tú, te apoyas en un lateral del baúl que contenía los salvavidas; me cogiste de la cintura suavemente mientras el barco se mecía con el vaivén de las olas.
Me miras. Te miro. Y en un abrir y cerrar de ojos nos fundimos en un beso que parecía no tener fin.
Tus suaves labios rozan los míos y, bajo la atenta mirada de las estrellas, siento como si todo dejase de importarme y sólo existiésemos tú y yo.
Pude sentir ese cosquilleo en la barriga que solía sentir los primeros días que pasamos juntos y que sentí cuando me besaste por primera vez, pero ésta vez más intenso.
Se me aceleró el corazón, y por mi mente únicamente vagaba el deseo de que el tiempo se detuviera y poder estar eternamente besándote bajo las estrellas.
Finalmente nos separamos, y es entonces, cuándo no puedo evitar quedarme mirándote a los ojos, viendo en ellos todos esos buenos momentos que he pasado contigo.

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